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Querida Sara:

esta historia la has escrito tú, y trata sobre ti, sobre la persona que eras antes de la operación a la que te has sometido. Probablemente, cuando leas esto por primera vez, hará sólo unas horas (o unos días) que ha ocurrido. Tal vez estés confusa, tal vez no recuerdes tu nombre o dónde has nacido. Tal vez no recuerdes a tus padres, a tus hermanos o a tus amigas. Tal vez no recuerdes a tu novio. Tal vez ni siquiera recuerdes cómo se lee, y esto te lo esté leyendo alguien. No te preocupes por nada. Es posible que en los próximos días vayas recordándolo todo poco a poco, y si no es así, para eso estoy yo aquí, tu antes. Te haré un resumen en cinco cómodos pasos:

1: tu enfermedad

Tu enfermedad (y la de miles de personas en todo el mundo, tampoco te creas que eres tan especial) es la epilepsia. Afecta al sistema nervioso y consiste en que en tu cerebro se producen descargas eléctricas. En muchos casos, la razón o procedencia de esas descargas no se conoce con exactitud, pero en tu caso sí. Tienes – o tenías, porque se supone que te la habrán extirpado en la operación – una pequeña lesión en el hemisferio izquierdo de tu cerebro. Nadie sabe cuánto tiempo lleva – llevaba – ahí, pero es la razón por la que yo estoy escribiendo esto y por la que tú lo estás leyendo. La lesión está – estaba – situada en una zona de tu cerebro desde la cual se controla la memoria, y es posible que hayas perdido parte de tu memoria durante la operación. Tal vez te preguntes si los efectos de esa lesión en tu cabeza hacían que mereciera la pena meterse en una operación con tanto riesgo (la pérdida de memoria no es lo peor que podría pasarte), pero es evidente que sí, porque tú, tu familia y tu neurocirujano así lo habéis decidido. Un alto porcentaje de las crisis epilépticas se controla con la medicación, pero ese no fue tu caso.

2: tu familia

Supongo que cuando te despiertes, después de la operación, te encontrarás con cinco personajes básicos en tu habitación: El hombre alto y de bigote canoso y la señora de pelo rizado y gafas de pasta son tus padres, Javier y Elena; la mujer que se parece a la señora de pelo rizado y gafas de pasta, pero con pelo largo liso y sin gafas, es la tía Lucía, hermana de tu madre. Probablemente tu padre tendrá en brazos a un niño diminuto al que sólo le faltará el bigote para parecerse a tu padre (porque la cabeza ya es del mismo tamaño, y juraría que se aprecia sobre su labio diminuto una sombra sospechosa). Ese niño es Jorge, tu hermano. La niña pija que no estará muy lejos de tu madre (y que probablemente irá vestida con una minifalda que te sonará, ¡porque es tuya!) es tu hermana Lidia, y por si me olvido de recordártelo más adelante, toma nota: no te fíes mucho de ella.

3: tus amigas

Hoy por hoy son tres,y probablemente aparecerán por la habitación durante los primeros días: Emma, Sandra y Estefanía. Emma es la principal, y probablemente vaya sola y sea una de las primeras personas a las que veas. Tiene media melena y es morena. Los ojos verdes. Me ha dicho que no te preocupes, que si no la recuerdas ya se presentará ella. Es tu mejor amiga, puedes contarle absolutamente todo, así que no te cortes. Sandra y Estefanía son importantes para ti también, pero de una forma diferente. Son un poquito chismosas, así que no te fíes demasiado de lo que les dices, especialmente al principio, pero son buenas chicas y las quieres tanto como ellas a ti.

4: tu novio y tus ex

Los chicos de tu vida (como probablemente te referirías a ellos si fueras la protagonista de una de esas comedias románticas que últimamente tanto ves) son, aparte de tu padre y tu hermano, tu novio Rubén (se me antoja casi increíble que puedas llegar a olvidarlo), Raúl (el primero al que besaste, en la fiesta de fin de curso de primero de bachillerato) y Alberto (a éste me ha costado incluirlo, porque fue un verdadero capullo, pero tal vez precisamente por eso te convenga estar alerta).

5: tú

Éste probablemente es el más difícil de los capítulos. He de hablarte sobre mí, tu propio tú, antes de la operación. Estoy casi segura de que lo más importante, o quizá sería mejor decir lo que más me interesa a mí como tu pasado y a ti como mi futuro, es que te cuente quién eres más que qué has hecho. Aunque se suela decir eso de que uno es lo que hace, en este caso parece que esa expresión pierde parte de su interés a la hora de permitirte descifrar quien eres. Lo que has hecho (lo que yo hago) te lo puede contar mucha gente. Creo que podrías armar el rompecabezas sin demasiada dificultad, aunque algunas de tus neuronas se queden por el camino durante la operación.

Tu yo de antes de la operación tiene casi 17 años, los mismos que tendrás (con alguna hora de más) cuando te despiertes, a no ser que algo no vaya demasiado bien y duermas en plan cenicienta durante más tiempo del que te gustaría. Pero basta de estupideces. He prometido que sería lo más positiva posible, y pensar que me puedo despertar dentro de dos años, no lo es. Definitivamente.

Tu novio te gusta. Muchísimo. Pero creo que no estás en realidad tan enamorada de él como aparentas. Él es inteligente, muy mono y te hace reír, pero conviene que no olvides que lo que más echas de menos cuando piensas en él y no lo tienes al lado son las cosquillas que te provocan sus labios en tu cuello. No hace falta ser guapo, simpático o brillante para provocar ese efecto. Ten en mente ese dato, porque no me gustaría que te pasases el resto de tu vida creyendo que lo quieres sólo por eso.

Aunque a lo mejor escribo algo más en las próximas horas, esto es lo que eres y esta es tu vida. A lo mejor he exagerado un poco algunos aspectos y me he quedado corta en otros, pero los excesos también son parte de tu personalidad, así que no está de más dejarte una muestra de ello.

De mí para ti, que al fin y al cabo eres yo, esperando que no te olvides por completo de quién eras antes de la operación.

Sara

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