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Al sentir el pitido se paró y miró al cielo, buscando alguna forma conocida que le permitiera orientarse. Pero no pudo ni siquiera encontrar ese punto del que al parecer formaba parte lo que quedaba de su sistema solar.

Sintió que se le humedecían los ojos, y por un momento pensó que podrían ser lágrimas, pero enseguida se dio cuenta de lo que significaba. Se apresuró a recoger las herramientas que había ido dejando desperdigadas mientras hacía su trabajo, cerró la compuerta, introdujo el código y se puso en pie.

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