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Finaliza marzo (un mes especial para mí porque es mi cumpleaños), e irrumpe la primavera trayendo sol y calor. No es exactamente mi clima preferido. Si pudiera, habría escogido un mes lluvioso de principio a fin; pero como no puedo, aprovecho lo que puedo de la luz del sol mientras permito que me cerebro se apacigüe y se centre en cualquier cosa menos en lo que más me preocupa ahora mismo.

No he podido cumplir con mi promesa de volver a principios de febrero. Se ve que necesitaba un descanso mayor del que creía. Parece casi una tontería, pues al fin y al cabo publicar una entrada a la semana no es algo precisamente exigente; pero no quiero dejarme arrastrar y volver a caer en errores pasados. No quiero escribir entradas sin sentido que sólo sirvan para llenar un espacio. Quiero que cualquier parte de este blog tenga una razón de ser, que contribuya bien a mi crecimiento como escritora o bien en un sentido más amplio.

No se trata de aspirar a la perfección, sino más bien de apelar a la práctica, a la utilidad; de tener un objetivo en mente que me permita construirme, o reconstruirme, seguir en movimiento, en un estado permanente de aprendizaje.

Me alegra estar de vuelta.

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