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En enero Oliver Sacks descubrió que padece un cáncer terminal. Un mes después firmó un artículo en el New York Times[1], informando acerca de ello y explicando su enfermedad y lo que para él supone.

La lectura de este artículo me impactó. No tanto por la noticia en sí, como por la reacción del autor al averiguar que la enfermedad que hace nueve años amenazó su vida está finalmente ganando la partida: Sacks se sentó a escribir un texto que podría clasificarse como un artículo, una declaración de intenciones, una carta de agradecimiento, o incluso como una carta de amor a la vida y a todas las personas que lo han acompañado (o con las que se ha cruzado) en algún punto del trayecto. Soy consciente de que probablemente no se sentó a escribir de inmediato este artículo, pero lo hizo, y éste se publicó sólo un mes después de recibir la noticia.

Este gesto, en principio una reacción lógica (de hecho, probablemente casi mecánica) – especialmente para un escritor con doce libros publicados y uno a punto de ver la luz (se espera para el mes de mayo su autobiografía: On the move: a life) [2] -, me provocó la necesidad de conocer más sobre el autor y su obra. Tenía una idea de quién era, de su repercusión, pero no había leído ninguno de sus libros. Decidí empezar por Los ojos de la mente (The mind’s eye)[3], en el que Sacks describe diversos casos clínicos relacionados con las alteraciones de la visión. El libro está escrito de una forma amena y, sin rehuir la utilización de terminología médica, logra comunicar con claridad y cercanía las especificidades de cada caso[4]. Pero una vez más, no fue el texto en sí lo que más me fascinó, sino el hecho de que se incluyera a sí mismo como paciente, pues en el libro describe todo el proceso que conllevó la detección y eliminación (como sabemos ahora, sólo temporalmente) de un cáncer que afectaba a uno de sus ojos.

Tanto el artículo como este libro (e imagino que también sus otros libros) derrochan sensibilidad, claridad y pasión por la ciencia y su transmisión; pero sobre todo son una muestra de lo que para él significa la escritura, de la cual se sirve (desde los doce o catorce años) como instrumento para explorar sus experiencias vitales[5], incluso en las situaciones más difíciles. Y lo hace de una forma tan asombrosa que contagia su entusiasmo, su forma de cuestionarse y reflexionar acerca de todo, buscando extraer un aprendizaje de las cosas más pequeñas y logrando, de una manera absolutamente genial, descubrir el lado bueno, el más brillante, de cualquier persona o situación.

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[1] Sacks, Oliver. (2015). My own life. Oliver Sacks on learning he has terminal cancer. The New York Times, 19 febrero. [Consulta: 11 marzo 2015] Disponible en: <http://www.nytimes.com/2015/02/19/opinion/oliver-sacks-on-learning-he-has-terminal-cancer.html?_r=0&gt;.

[2] Edgar, Kate. (2015). On the move: a new memoir by Oliver Sacks. Oliver Sacks M. D. [blog], 14 febrero. [Consulta: 1 abril] Disponible en: <http://www.oliversacks.com/blog/&gt;

[3] Sacks, Oliver. (2011). Los ojos de la mente. Barcelona: Anagrama. Versión original: Sacks, Oliver. (2010). Sacks, Oliver. (2010). The mind’s eye. New York; Toronto: Alfred A. Knopf.

[4] Mi única crítica negativa es que hay momentos del libro, principalmente en la parte final, en los que me resulta un poco repetitivo.

[5] Punset, Eduard. (2008). La complejidad de la mente según Oliver Sacks. Redes para la ciencia. 5 octubre [Consulta: 1 abril 2015] Disponible en: <http://www.eduardpunset.es/412/charlas-con/la-complejidad-de-la-mente-segn-oliver-sacks&gt;.

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