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Estos días estoy tratando de trabajar en la descripción de los personajes de mis historias. No se trata solo de conocer el tipo de pasta de dientes que usan, su forma de hablar o si prefieren vestir con camisa o con camiseta. Tampoco basta con saber sus sueños o aspiraciones, sus objetivos ni el tipo de relación que tienen con sus padres. No, hay que ir un poco más allá, hay que conocerlos tan a fondo como para ser capaz de penetrar en lo que sienten incluso sin ser ellos mismos totalmente conscientes de ello. Por eso estoy encantada con el libro que una amiga me ha dejado, y que he empezado a leer esperando algo completamente distinto a lo que he encontrado: la autora nos lleva a un viaje por el pasado y el presente de diferentes personajes que, casi sin proponérselo, nos enganchan más con sus emociones que con los sucesos (no exentos de interés, por cierto) que les ocurren.

Sostuve a Miguen todo el tiempo, hasta que mis brazos me parecieron vacíos si no la tenía entre ellos [1]

Y solo voy en la página 37. Me entusiasma la idea de que todavía me queden otras 408 por delante.


[1] Traducción libre. Picoult, Jodi. (2012). Lone worlf. Londres: Hodder, p. 13

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