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En una relación los conflictos vienen a veces no de lo que uno dice, sino de lo que uno calla. A veces uno tiene la sensación de que no es honesto si no lo dice todo, si no se vacía por completo frente a la otra persona y le cuenta la verdad, sin florituras ni arreglos de ningún tipo. Sin excusas. A veces uno cede al impulso, se desnuda sin quitarse la ropa y se abre en canal sin necesidad de morir o de estar anestesiado (al menos no con medicamentos).

Ayer yo me dejé llevar. Y lo hice a pesar del miedo. A pesar de la sensación de que estaba cometiendo una insensatez. Me planté frente a ella, todo lo firme que pude, y le confesé que las lentejas de mi madre me gustan más que las suyas. Se quedó mirándome en silencio y luego, de forma tan repentina que me sobrecogió, esbozó una gran sonrisa.

—Pues vete a comer a casa de tu madre, que así yo me puedo ir a la “pelu”.


Estoy haciendo uno de los cursos de la Escuela de Formación de Escritores. De la mano de Víctor J. Sanz estoy aprendiendo a mejorar la forma en que doy salida a todas las historias que quiero contar. Este escrito ha surgido a partir de un ejercicio que consiste primero en hacer una lista de confesiones para después escoger una de ellas y construir un texto. ¿Os animáis?

Más información en su libro: Sanz, Víctor J. (2014). Tu factoría de historias. ISBN 978-1499546224

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