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Hoy no ha sucedido nada. Sigo exactamente en el mismo sitio, en la misma posición y a una distancia prudente del mismo cristal, que sigue tan sucio como ayer.

He visto pasar 23 personas. 46 pies y tobillos. Y 4 manos, porque una mujer se agachó para atar los cordones de los zapatos de un niño. El chaval intentó apartarle las manos de malas formas y recibió un grito que hizo paralizarse por un momento, solo un instante, a dos pies con sus dos tobillos.

Supongo que quería ser él el que se atase los cordones. Supongo que solo quería sentirse libre. A mi también me gustaría ser capaz de atarme los cordones y salir andando por mi propio pie de este sitio.

 

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